Una bienvenida

Obra del escultor Amador. Foto de Josè Pañeda

No he conocido personalmente a amador pero he tocado muchas de sus esculturas, las he mirado, las recorrí con todos los sentidos y como un enamorado me he rendido de admiración ante ellas. Pero esta no es una historia de anécdotas personales, ni un ensayo crítico sobre las corrientes analíticas que arrastraron su obra por la indagación espacialista, ni un viaje a un pasado que nunca compartimos. Este es un relato corto que habla de una bienvenida.

Un día me encontré con sus piezas, el vaciado o descomposición del cubo según números pitagóricos, el desplazamiento de un cuadrado, el encuentro de planos en un cubo, y antes había encontrado la esfera y el cilindro. No recuerdo con exactitud sus nombres, escribo confiando en la memoria que me trae la exquisitez de un lenguaje que descomponía las formas, acariciaba los vacíos, desocupaba el espacio. Sus trabajos sobre el cubo e producían las sensaciones más fuertes. Los cortes, la disección, la forma de hurgar en su interior en busca de un núcleo, con una precisión aséptica, ajena a cualquier metafísica, ensimismado el artista en la masa, el orden y los aspectos cognoscitivos, parecían fruto de una ecuación matemática capaz de retorcerle el cuello a la geometría. Lo invisible hacía posible lo visible. No hay gestos, no hay mensajes, podría negarse hasta cualquier emoción pero la equivalencia de volumen y espacio evidencia una poética de la materia, el nacimiento, en un mundo infame, de una imagen nueva.

Entendí entonces que amador me había dado la bienvenida a su mundo y que desde ese momento podría recogerlo como quien visita la casa de un amigo, deseando llegar para recogerse de la intemperie.

Jaime Luis Martín.

Foto: José Pañeda

(Texto para la exposición y catálogo amador presencia ausencia 2005)

Post a Comment

Your email is never published nor shared. Required fields are marked *

*
*