Resistencia

Entrada de la casa estudio del escultor Amador

        Demasiadas veces te conformas con ser un mero receptor de una copia de la realidad. Algunas más, son tus expectativas las que distorsionan la manera de percibir las cosas. Otras, simplemente no te das cuenta que vives sujeto a la servidumbre de un lenguaje visual que impone un orden determinado.

        Con ojos limitados y poca profundidad de pensamiento, únicamente podrías percibir en esta imagen un elemento de paso sin carácter, que asomará como un simple zaguán. Solo verás una estancia deshumanizada, sin energía vital, en la que parece que todo tiene que tener un orden, donde sientes la necesidad de que el conjunto aparezca en una disposición simétrica, de evitar la transgresión de proporciones. Todo para lograr una sensación de seguridad que en realidad no tienes. Pero ignoras que, en algún momento, ese orden, la simetría y el equilibrio, resultarán en exceso asfixiantes. Y, sin embargo, respiras, porque recibes el aliento vital del artista, que se expande desde su estudio, por todo el hogar al que acabas de asomarte. La presencia latente de cubos, esferas, cilindros, módulos, collages, maquetas, ideas, símbolos, sentimientos, y al fin, afectos; te empapa como las gotas de espuma de mar al chocar contra las rocas. Aun no lo sabes, pero te acabas de abandonar a la intuición, a la imaginación, a las emociones estimuladas por otra perspectiva.
        Entonces, para ti ese zaguán, ese atrio, puede ser directamente el primer territorio que recibe tu impulso de creatividad. Deseas, además, colocarte en el lugar del autor de la fotografía, cuando acogió en su interior una proyección plana de una imagen externa y empezó a pensar en lo que sería el embrión de esa instantánea. Y si el arte, no es sino precisamente esa divagación que te mueve a participar y compartir; ninguna de las inevitables contradicciones del espacio, impiden que luego veas en la intensidad de esa imagen, más allá de lo perceptible a simple vista y aspires a reflejarlo en tus sueños. Así puedes descubrir que ese espacio y ese tiempo, es también un escenario de proporciones y volúmenes que esconden sentimientos encontrados, de formas como las de un primer beso, sombras que pueden no ser grises y no ser siquiera sombras, luces que son abrazos sinceros y un punto de vista donde el único atrezo necesario para rellenar el vacío, es un silencio subversivo.

        En estos momentos en los que hay tanto tiempo y espacio para millones de imágenes, de las que la mayoría se perderán víctimas de su propia visión superficial y de su conformismo con esa simetría del orden visual impuesto; resulta todo un desafío y a la vez un deleite seguir contemplando esta fotografía. Te ayuda a sumergirte en una suerte de sinestesia ante la contemplación de tantos estímulos. Percibes que la ubicación de cada uno de los elementos, es además generadora de emociones. Pero sobre todo te permite resistir, huyendo de esa geometría de lo confortable. Y sabes que no te has rendido, cuando encuentras refugio en ese cálido espacio creado por el artista, en el que está permitido tener otra visión del mundo. Aunque, también a veces, es igual de inevitable que te invada una tristeza fría, insana, cuando piensas que ahí fuera, en realidad, nada es orden; solo es caos. 

Fernando LM

Foto: Fabrizio Gandini

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